miércoles, 23 de abril de 2008

BUSSINESS SON BUSSINESS

En el segundo que amaba, era capaz de darlo todo a cambio de nada; en el segundo que olvidaba, medía sus caricias en billetes y monedas y no regalaba ni un beso inocente en la mejilla.
¿Cómo puedes estar aquí tan pronto?
Recién acabo de llegar contesto Olivas.
Luz apenas podía creerlo. Ella no tenía ni la mínima idea de lo que pasaba por la mente del forastero. El no atinaba a decir nada, en lugar de eso con la mirada empezó a preocuparse por su dormitorio. Lagrimas de rabia quemaban los ojos verdes de la angelical criatura.
¿Estas impresionado? Pregunto Olivas
-Bueno dijiste que querías hablar conmigo.
Olivas se sonrojó y dijo:
- ah, si, supongo que si. Este...
Su sonrisa amigable la desconcertó. A pesar de que notaba cierto nerviosismo en sus ojos verdes. Parecía muy disgustada consigo misma. El se sintió aliviado al ver que ella no hacia ese tipo de cosas a menudo. Al menos eso creía saber. Sin embargo Luz creía encontrar, siempre por un segundo, al hombre de su vida, pero lo mejor era que al segundo siguiente, lo olvidaba. No era conveniente ni bien visto enamorarse a primera vista y Luz sabía eso y más: el amor y el dinero no podían mezclarse.
Este... tengo que hacerte una propuesta... me gustaría que tu y yo, bueno... titubeo mientras buscaba las palabras adecuadas. Nunca le he pedido a mujer alguna que, bueno...
Ella tragó saliva y, consciente de su malestar, la ayudo:
¿Tener una aventura?
Se que todo es muy precipitado pero estoy enamorado de ti, sentenció Olivas.
No digas eso, hace solo unos minutos que te conozco. Es mas dijiste que ibas a venir en una hora así que no tendré más remedio que llamar a otra chica.
No por favor, se que esto es algo inesperado y repentino así que piensa por favor lo que dices.
Lo siento pero tienes que atenderte con otra chica, además lo que has visto por la cam es prácticamente lo mismo.
Olivas al borde de un paro cardiaco entre sudores y jadeos podía olfatear y escuchar secreciones de amor imaginarias. Se quedó inmóvil sin decir palabra alguna. Luz, en otra habitación continuó su riguroso ritual en la web el amor era lo que le hacia falta y estaba primero, el sexo estaba después. No podía confundirse y por eso trabajaba con un ascetismo que podía parecer exagerado. Cada vez practicaba un pequeño ritual obligando a sus clientes a guardar silencio y los rociaba con su propio perfume como para que ninguna palabra u olor ajenos pudiesen perturbarla. Así también era ella, intensa y leve a la vez. Le incomodaba ser generosa y mucho menos perder plata. En el segundo que amaba, era capaz de darlo todo a cambio de nada.
Apúrate papito que estás esperando. Que, ¿No tienes saldo? ¿No tienes condón? No importa lo cargamos a tu tarjeta de crédito.

martes, 8 de abril de 2008

LUCKY STRIKE


Caramelos, chocolates, cigarrillos
gritaba una mujer sentada frente a un edificio con unas enormes columnas enmarcado sus escaleras. Ocho de la mañana, el sol alumbraba sobre las cabezas de los transeúntes que, por un descuido infinito, no llevaban sombrero. Aquí y mas allá se abrían las tiendas, los comercios, toda la maraña de oficinas públicas y privadas; secretarias, gerentes, obreros de las fabricas caminaban rumbo a sus trabajos… un viejo, vestido impecablemente se acerco donde la mujer.
-déme dos cigarrillos.
-treinta.
-y un caramelo
le dio el vuelto. El viejo se fue fumando tranquilamente. Atravesaba a los veloces correos con su paraguas y nadie se chocaba con el ni nadie lo estorbaba. En la esquina se encontró con la niña.
-hola-saludo.
-hola –contesto la niña- ¿Qué hace?
-¿Qué hago? –el viejo se mostró sorprendido por la pregunta –desayuno, como todo el mundo.
La niña se quedo raspando con un dedo el borde de la acera.
¿tu no desayunas?
-si, ya tome mi te y mi leche y me comí un pan.
-eso no es desayuno. Un buen desayuno es el humo de este cigarro, mmm lucky strike…
el viejo se alejo con un gran sonrisa. Cruzo la calle y se perdió entre los puestos del periódico, las carretillas, los vendedores de emoliente.

Al rato, cuando la niña sintió en el estomago una punzada de hambre, pues ese día no había desayunado, busco en sus bolsillos y encontró un caramelo y una moneda de cinco.

martes, 1 de abril de 2008

YESCA

“Solo temo una cosa:
No ser digno de mis sufrimientos”
(F. Dostoievki)

Hace pocas horas que se había ido. Su corazón exaltado descubrió el sentido de la vida. Todo empezó como jugando y en verdad no penso enamorarse.
Seria amor o solo el latido caprichoso de su corazón.

¡Oh Dios! ¡Oh vida!
¿Porque lo condenas a tal destierro?

Caído, enlazado, quebrado, opto por el suicidio. Tendido ante el eterno sueño, nadie lloraba el suceso.