viernes, 28 de marzo de 2008

EL HOMBRE CHINO

Se prohibe estar triste
"5 metros de Poemas"
de Carlos Oquendo de Amat
El Hombre Chino se acerco lentamente hasta dormía la pequeña niña. La noche estaba fría y ella se apretaba contra la columna al pie de la alta escalera. Si fuera hombre bueno –pensaba el hombre chino- la recogería y la llevaría a casa conmigo; la vestiría y la alimentaría, y luego le daría una cama donde pudiera dormir y ya no sentiría ni frío ni hambre y de seguro estaría contenta y algún día, sin yo darme cuenta, me diría papá. La niña se revolvió entre los periódicos que la cubrían y se quejó con un monosílabo imperceptible.

El Hombre Chino la miro con ternura; admiraba su belleza de niña, pero sobre todo el valor de vivir sola en la calle. Pobrecita pensaba. Un automóvil paso raudo por la avenida. Sus potentes faros iluminaron fugazmente la escena. El sintió un temblor en su interior. La niña dormitaba tranquilamente.

Cuando llego a su casa, un elevado departamento ubicado en una zona céntrica, no encendió la luz. Fue hasta la ventana y observo a través de los grandes cristales la ciudad dormida. Y no pensó , no pensó en nada.

lunes, 24 de marzo de 2008

Bye, bye, Gepeto

Mi sueño alerta Entre los barcos
La oscura paz, cubierta de tus manos.

LUCHITO HERNANDEZ


El mundo todavía estaba fresco y verde, pero llegó el momento de marcharse. Cuan extraño le había parecido ser tratado. Justo en ese momento las flores empezaban a abrirse y en el pueblo por debajo de las praderas, ladraban unos perros; eso lo animaba un poco.

Un suspiro escapó de su pecho mientras todos habían reído desaforadamente. Su provocadora condición física no era digna de los lugareños. Él había estado llorando toda la noche, se le notaba en el rostro; aquel rostro que todavía se encontraba con el maquillaje recargado.
- ¡Lárgate pronto! ... se escuchó decir a alguien
- ¿Irme..., dónde?
- A cualquier parte. No te queremos cerca.

De pronto mientras caminaba: Se sintió feliz. Saco un billete arrugado de veinte soles mientas escondía su rostro entre sus manos. Se detuvo; y ya muy lejos del pueblo dijo a todos:
- Quizás vuelva... o quizás no. Estoy listo, pensó.
-Y eso fue todo. ¿Qué otras preguntas se podrian hacer? Luego de veinte años me pregunto ¿Qué será de su vida? Le iría bien.

BRISA

¿A donde demonios me has traído ? --pregunto ella sin aliento.
--Ven conmigo. Por favor, murmuro el.
Entraron y la hizo apoyarse contra la pared; su corazón latía con fuerza. Estaba atrapada. No tenía forma de escapar. El se quedo mirándola a los ojos, y volvió a besarla. La palabra escapar desapareció de su mente. Ahora se dio cuenta que el primer beso había sido cosa de niños comparado con este.
Celso le beso las orejas, el cuello, los labios, una y otra vez, como si jamas pudiera sentirse satisfecho. Estaba hambriento de ella. Brisa era en aquel momento su único alimento, su única bebida, lo único que podía satisfacerlo.
Levanto sus manos y las llevo hasta sus senos. Ella pudo sentir el calor de aquellas manos a través de su vestido con tiritas. El quería tocarla, necesitaba hacerlo. Aquel pensamiento la sedujo, la maravillo, hizo desaparecer inhibiciones y la dejo sin control.
Celso le rodeó la cintura y la empujo contra la pared mientras se acercaba aun mas a ella. Su cuerpo, que desprendía un fuego abrasador, contrastaba con la frialdad del muro. Pero ambos eran tan fuertes como el granito, y ella estaba atrapada entre ellos.

Sus caderas empezaron a moverse contra Brisa. El le separó las piernas con su rodilla y la asió por la parte baja de la espalda obligándola a acercarse mas y mas. Brisa se dio cuenta de que ni podía respirar. Los brazos de Celso la inmovilizaban. Pudo sentir la presión de su peso, la dureza de su cuerpo y el sensual ritmo de sus movimientos. Brisa gimió cuando sintió que sus pezones se ponían erectos, la calidez que ella sentía dentro de su ser fluía como si se tratara de una miel espesa y dulce. El cuerpo masculino estaba tenso y duro como solo podía estarlo el de un hombre excitado.
--Te deseo, Brisa, como nunca había deseado a ninguna mujer.
Ella suspiró.
--Cuando me tocas, cuando me besas, te deseo, Brisa como nunca había deseado a ningún hombre. Cuando estoy en tus brazos tengo la sensación de estar en el paraíso.
--Todavía te puedo llevar mas lejos. Déjame llevarte cada vez mas lejos, le pidió mientras le desabrochaba el sostén –Déjame sentir toda tu suavidad y calidez. Déjame sentir como tu cuerpo responde a mis caricias. le dijo llevando las manos hasta el medio de sus piernas, tocando el pequeño calzoncito triangular que le cubría su suave y delicado monte de Venus. Si déjame sentir como tus senos se ponen erectos de deseo.
Brisa se estremeció sin control alguno. Nunca se había sentido así. Pensamientos prohibidos invadieron sus mente, visiones de lo que ella podría hacerle a el, de lo que el podía hacerle a ella. Aquello era mas embriagante que el vino mas poderoso.

Brisa estaba conociendo por primera vez en su vida la delicia que se suponía estar a medio camino entre el dolor y el placer. Solo era una niña. No sabia nada. Pero podía aprender rápidamente. Algo le hacia mantener los sentidos mas alerta que nunca, quizá el hambre que Celso sentía por ella o, tal vez, el salvajismo, su naturaleza. Brisa sabia en lo mas profundo de su corazón que, a partir de aquella noche no volvería a ser la misma. Ya se había sentido una mujer diferente cuando este hombre la había besado por primera vez durante su paseo a altas horas de la noche por el parque de la reserva. Pero dicha transformación era nada comparada con lo que experimentaría en sus brazos… en su cama.

Grito cuando la boca de Celso la hizo sentir fuego en su sensible y desnuda piel.
-- ¡ no deberíamos hacer esto, Celso ! ¡No debería permitírtelo!
-- No me estas permitiendo hacerte eso -- Le respondió el con voz profunda --. Los dos nos estamos permitiendo cosas ¿no te das cuenta ? nos lo estamos haciendo uno al otro.
-- Estas seguro
-- ¡ Si ! le cogió las manos y se les acerco a su cuerpo -- Siente lo que tu me estas haciendo a mi. Mi corazón late acelerado. Mi pulso ha perdido el control. Mi cuerpo esta tan tenso que tengo la sensación de que mi piel esta a punto de rasgarse. ¡ Mira! --le ordeno Celso obligándola a volverse para que observara sus propias imágenes en el cristal de la ventana --¡ Mira como estamos!
Brisa vio su pelo en un completo desorden; su boca hinchada; sus mejillas, ruborizadas, y sus ojos con mirada salvaje. Sus senos brillaban y se veían húmedos a causa de sus besos. Dos manos masculinas Ceñían sus talle, parecían mas blancas sobre su oscura piel.
Nunca se había visto así. Jamas había visto fuego en sus ojos. Nunca había visto a un hombre tocándola. Jamas había sentido el hambre sexual de un hombre.
--¿Soy esa de verdad? Pregunto en un murmullo –¿Eres tu ese de verdad ?
Si. Estamos contemplando lo que nos estamos haciendo el uno al otro ¿no lo ves , Brisa? Eres aun mas hermosa cuando te hago el amor y cuando tu me lo haces. Ella cerro los ojos. Las palabras salían con increíble fluidez de los labios del hombre. Debía hacer lo imposible por saber si aquello era realmente lo que ella deseaba. Ella se preguntaba si ese era el lugar correcto, el momento correcto, el hombre correcto. Trató de averiguar la verdad mientras lo hacia, descubrió que Celso ya estaba en su sangre. Era demasiado tarde para dar marcha atrás. De alguna manera el había encontrado el camino para llegar hasta su corazón y hasta su alma.
--Ven conmigo, Brisa –le decía mientras la conducía escalera arriba.
Ella volvió la cara y la escondió en el pecho masculino. Cuando llegaron a la habitación, Celso empezó a desnudarla lentamente. Brisa metió sus manos debajo de la camisa de el y sintió la calidez y la humedad de su piel.
--Tus manos están mas frías que el hielo, --rió mientras su camisa caía sobre la ropa de ella, que formaba ya un montón en la alfombra.
--Entonces tendrás una manera de calentármelas.
El resto de su ropa cayo al suelo con increíble rapidez. Luego se quedaron frente a frente, desnudos. Celso le alzo la pierna para tener una mejor posición en poder poseerla, pero ella con increíble destreza se libra del primer encuentro, volteándose y entregándole esas posaderas apetitosas en ser acariciadas, usurpadas, maltratadas.
Celso le ofreció una mano y ella acepto sin el menor titubeo. Brisa observo aquella mano y se la llevo a los labios y la beso con ternura, después agarro ambas manos y las llevo hasta su propio cuerpo para depositarlas sobre sus pechos desnudos. –Quiero que estas manos me hagan el amor añadió como si se tratara de un ruego.
Lo harán . Lo harán –le prometio el con voz profunda mientras la conducía a la cama.
La beso con pasión. Sus manos la acariciaban y le recorrían el cuerpo de un modo maravilloso. Brisa no podía detenerse su busto se erguía ansioso para encontrarse con las palmas de las manos masculinas, podía sentir entre sus dedos los pezones que cada vez se endurecían y engrosaban mas. Eso la hacia delirar. Quería que el la tocara, necesitaba que la acariciara para no enloquecer.

La transición fue tan suave que casi no se dio cuenta de en que momento los labios de Celso sustituyeron a sus manos y empezó a besarle todos los lugares que momentos antes había acariciado.
Brisa se puso tensa y entornó los ojos cuando sintió que Celso la besaba dando pequeñas mordidas en la parte baja de la espalda.
Relájate, Relájate, mi amor.
Aquella voz tan masculina hizo que su cuerpo se suavizara, dedos persuasivos la hicieron separar los muslos. Entonces percibió un cálido contacto sobre sus piernas, justamente en el lugar mas sensible. Era la lengua de Celso que se movía como un reptil, en esa diminuta raya de vellosidad, saboreando todos esos jugos sensibles. Al principio no fue mas que una presencia sutil. Pero de pronto Brisa sintió que su cuerpo respondía de un modo febril a tales caricias, a tales besos. Que poco a poco iban dando sutiles corneadas a ese cuerpo que cedía.
-- ¡ Celso !¡ ayúdame, Celso ! --Pronunció su nombre con un grito apasionado mientras sus caderas empezaban a moverse, instintivamente. El cuerpo de la chica nunca había respondido de aquella forma.
-- Aquí estoy, Brisa , aquí estoy – le murmuro inclinándose hacia ella ¿No sabes que estas a salvo conmigo, que no tienes nada que temer mientras yo este a tu lado? Estoy a salvo contigo –repitió ella. –Siempre estarás a salvo conmigo –le prometio antes de volver a recorrer con su lengua sus labios y aspirar su aire.
De repente, ella sintió deseos de proporcionarle el mismo placer erótico que el le ofrecía, ese placer que casi era dolor. Se le subió encima y empezó a acariciarle el pecho, la espalda y el pelo al mismo tiempo que recorría su piel con la lengua. Pero su cuerpo exigía movimiento, fue entonces cuando Brisa pone sus tetas en la cara de Celso y se empieza a moverse rítmicamente, como si estuviese bailando una danza africana o algo por el estilo. La humanidad de Celso deseaba juntarse, fusionarse con la de Brisa pero ella no lo permitía. Todavía no era el momento.
--Me encanta como me tocas.– Parece que no soy capaz de controlarme cuando estoy cerca a ti. Exclamo Celso.
Brisa lo miro a los ojos y supo que el decía la verdad –Yo no quiero que te controles cuando este conmigo ¿no te das cuenta? --Quiero que me desees con desesperación… que pierdas la cabeza conmigo. En ese momento Brisa inclino su cara y empezó a besar con increíble destreza, el miembro viril de Celso, eso lo enloqueció, no se lo esperaba. Solo atino a ponerse cómodo y entrecerrar los ojos. Pasaron unos cuantos segundos, aparentemente había sido una eternidad cuando el cuerpo de Celso cedió ante tal descomunal suceso.
Entonces Celso no lo penso dos veces y volteo a Brisa como si fuera un experto peleador de lucha libre enredándose entre sus piernas. Dame la bienvenida con los brazos abiertos, cariño, porque te deseo con desesperación –Exclamó Celso mientras inclinaba la cara y le besaba los senos al mismo tiempo que se perdía en su cuerpo. Juntos empezaron a subir mas y mas alto, otro lugar, a otro tiempo, a otro mundo. Era el mundo de colores brillantes y exóticos aromas. Era el mundo de las sensaciones. Un mundo que Brisa no conocía, un mundo que jamas había imaginado, ni dormida, ni despierta. Ella quería reír y terminar al mismo tiempo. Sentía una tierna gratitud y a la vez un hambre desesperada de aquel hombre. Un momento quería acariciarlo con cariño y al siguiente encajar las uñas en su piel desnuda.
Se escucho a si misma pedirle que no se detuviera en sus caricias. Quería que se detuviese, y al mismo tiempo que siguiera adelante.
Penso en todos los hombres y en todas las mujeres que se habían amado antes que ellos. Y ahora sabia que cada uno de ellos había aprendido que ningún hombre ni ninguna mujer habían amado antes como ellos. El amor los hacia los primeros y los últimos en su especie. Ese era el misterio del amor. Para cada hombre había solo una mujer, y para cada mujer, solo un hombre.
Pensar que habían sido puestos en el mismo camino para que pudieran vivir un momento juntos, ese momento en que el tiempo dejaba de existir.

Fuera lo que fuera lo que sucediera en la vida a partir de aquella noche, Brisa sabia ahora que jamas volvería a estar sola, tampoco a ser independiente. Ahora ella deseaba, necesitaba y amaba.
--Celso ,oh, Celso te amo, te amo –le murmuro.
Brisa estoy perdiendo el control –Grito el con alegría antes que ella perdiera también el control dejándola perdida en el clímax.
Los colores empezaron a desvanecerse y las luces perdieron su brillantez.
--No. oh no –protesto ella contra lo inevitable.
Brisa ¿Que sucede?
No quiero que esto termine, Celso. No permitas que desaparezca. Ha sido tan hermoso.
--Shh le murmuro acariciándole el cabello ¿No sabes que podemos tenerlo todas las veces que queramos, Siempre que nos besemos, siempre que nos toquemos, siempre que nos amemos? Aquello pareció satisfacerla. Se tranquilizó y se perdió entre sus brazos. Casi inmediatemente se quedo dormida.

sábado, 22 de marzo de 2008

Al Rayar el Alba

Coge de tu corazón
Tan sólo
Lo que más ames...
Desecha todo lo demás

Luis Hernandez Camarero



La mirada de pedrito le recordaba que aquella vez; en la belleza de la oscuridad encontró el amor. Si solo hubiera mirado podría haber visto su presencia meditabunda y solitaria. Susan era el nombre de aquella niña a la que jamas conoció. Solo su visión un tanto perturbada y las pesadas lagrimas le hicieron comprender. Juan, la apreciaba desde lejos; sentado a medio echar sobre la piedra en donde el musgo viscoso le acariciaba las manos. Se tomaba el cabello largo y sedoso de una manera que enredaba sus penas y al mismo tiempo sonreía y sonreía tratando de olvidar los días oscuros que vendrían.
Juan se le acercaba tratando de no asustarla, paso a paso articulando cada movimiento en sus neuronas y hasta que por fin estaba detrás de ella. Esta volteo porque empezó a escuchar su respiración constante, fuerte y viva. No sabían que decirse, ni siquiera sus labios carnosos y asalivados enlazaban susurros. Frente a frente sentían que sus miradas iban a estallar en cualquier momento, solo era cuestión de tiempo.
















¿Quién Eres?- le pregunto
- No sé; ¿Porque lloras?
- Solo lloro porque me da la gana... y además no te importa así que vete.
- Mi nombre es Juan.
- Ya lo sé.
- No lo sabes.

Solo la leve brisa nocturna sabia de que estaban halando tan calladamente y como cuidándose de los insectos que escucharían. A el le da pena sus lagrimas pero solo comprendía que era hermosa y no como una rosa sino como lo que siempre había querido. Las lagrimas ya no brotaron más; solo la forma de sus ojos como aquella flor china y su voz de ruiseñor solían hacer en ella un abismo en su corazón. Los brazos temblorosos y las manos un tanto pegajosas no les importaron. Se quedaron mirando el amanecer y como la noche moría ante sus corazones del cual eran presas.

- Me tengo que ir- Le dijo susan
- Ya lo sé, me da pena.

Las palabras y aliento estaban de más; no querían hablar solo amarse y así fue. Juan extendió su mano y tomo la suya, la atracción fue inmediata, se entregaron ambos al amor. Juan inclino sus labios temerosos y le beso la mano.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Exilio Perpetuo



"Quien Tiene un porque para vivir encontrará siempre un como"
F. Nietzche



El pesimismo del tiempo la estaba consumiendo poco a poco. El largo trajinar de los días le pesaban sobre sus hombros.
¿Alguna Vez estuviste en la cárcel? Me pregunto a boca de jarro.
No, le respondí titubeando.
¿Por qué? Me preguntó.
No sé... nunca hice nada malo
Ni creas, no necesariamente hay que cometer un crimen para estar encerrado. Me replicó con amargura repentina e inmediatamente se quedo callada.
Que extraño me preguntaba y me respondía a la vez, mientras la observaba sentado en aquella vieja perezosa, olfateando de extremo a extremo una vereda pavimentada; escondiéndose del sol en el más profundo silencio, como lo hace la luna al ocultarse en el eclipse.
Desde aquel incidente la anciana jamas pronuncio palabra alguna. Estaba muerta sin la menor esperanza de resurrección; recogida en el inmenso negro agujero de la nada, en la mas profunda indiferencia. Nadie la podia soportar, ni siquiera ella misma, ademas, ella tampoco daba pie para que se le acerquen.

PRIMER RELATO


Primer Relato

En un principio los dioses crearon al universo y dentro, crearon al mundo y a los hombres. Digo los dioses, pues eran varios y entre ellos discutían las bondades y los defectos de cuanto habían creado. Solían reunirse después de almorzar y entre mucha graciosa conversación y mucho vino decidían el tamaño de la cola de un león, el número de patas de una araña, el orden de las lluvias y tormentas y la explosión de los volcanes.

Claramente se podía ver que discutían las cosas sin ninguna pasión y que su benevolencia respondia mas a la risa que a otra cosa. Con todo, a veces tomaban sabias decisiones que mejoraban el transcurso de la vida. Esto, poco o nada les importaba, habituados ala eternidad sin tiempo, eran incapaces de notar cualquier cambio, cualquier sutil diferencia.

Por ese tiempo, los hombres se dedicaban con gran afán a muy diferentes actividades. Algunos en labores agrícolas, otros recolectaban frutos y hierbas salvajes, en otras latitudes, hombres armados con veloces puntas corrían a través de extensas llanuras, y no lejos de allí, otros hombres distraían sus faenas en la pesca.

Pero, hombres y mujeres, no bien llegaba la oscuridad y tenían que detener sus labores, sufrían de un miedo espantoso. De pronto sentían sueño y al cabo, quedábanse dormidos. Intempestivamente, despertaban sin poder recordar nada. Algunos decían que moríamos, otros que nos sumergíamos en un gran infierno del cual algún día no regresaríamos. Lo cierto era que en ese entonces el hombre no podía soñar.

Se reunieron los dioses y discutieron acerca de que hacer con ese vacío insondable que el hombre soportaba. Alguno hablo de otorgar a ciertas plantas poder para inclinar al hombre al sueño, y en realidad se hizo, solo que crecieron tan lejos de los hombres que estos nunca las usaron.