lunes, 22 de septiembre de 2008

FIN DE SEMANA

La luz dejaba entrever el paisaje, así que decidir ir a oir de donde venia aquel ruido.Ya no lo soportaba, todas las noches el mismo, constante, persistente y además molesto ruido. Lo que me enfada es no saber que lo produce y de donde proviene; justo ahora que estoy tratando de relajarme de la ciudad. Subi por el cerro tratando de bordear su falda para acercarme al lugar de donde provenía, ese era el lugar no había duda.

El infeliz estaba sentado, como quien pidiendo perdón de algo e impactaba una piedra sobre otra. Yo no entendía porque se encontraba y sobre todo porque chancaba las piedras.

- ¿Quién eres tu? – Pregunto en un tono un tanto emotivo.
- ¿Quién crees que soy?, tu vecino al que no dejas dormir- le respondí como si fuera una amenaza y complete el enunciado-: Me has venido molestando con ese ruido desde que llegue.
- No sabía que habías llegado.
- Y acaso necesito permiso
- Desde luego, yo vivo aquí mas tiempo que tu.
- Acaso esa es una razón.
- Por supuesto.
- No me haga enfadar y dejeme dormir.
- Y que, acaso no tiene una cama para dormir
- No es eso. Me oyó.
- Así me gusta.
- Pero, ¿porque mierda chanchas esas piedras?
- Tu crees que lo hago por puro gusto. Si fuera así; lo haría mas fuerte, no lo crees.

Lo dijo de una manera tan estoica, que pensaba que tenia razon; pero ante tales argumentos no atinaba a decir si quiera algo.

- Es por el frio. Las chispas me mantienen caliente.
- Pero entonces por que vives aquí, en esta cueva sin siquiera una cosas. O es que acaso no tienes nada. Ni siquiera esa barba va con tu estilo, si es que es uno.
- Si tengo una casa; pero no tengo rasuradora.

Por aquella noche se mantuvo tranquilo y no hizo mas ruidos, solo con una condición; que le diera mi encendedor.

A la mañana siguiente, el café estaba algo frío, pero entre mi, me preguntaba quien era ese tipo y que razón lo había llevado a una cueva internada en el cerro.

- Hola necesito otro encendedor.
- Pero como que otro, ayer te di uno.
- Si pero el petroleo escasea.
- Diras el gas.
- Como sea. Vale de todas maneras.

No lo había notado pero ya estaba comodamente instalado en el sofa de paja, y con mi taza de café entre sus manos. Que manera de ser; no lo entendia, ni siquiera yo mismo me entendía porque no sabia que hacia con ese tipo en el lugar donde acampaba.

- No seas abusivo. – le dije.
- No lo soy.- replico
- Entonces porque entras invades mi espacio y dispones de mis cosas.
- Tu también invadistes ayer el lugar donde vivo y no te dije nada.
- No se puede contigo.
- Seguro, asi son las cosas.

Llegamos a un entendimiento mutuo, el me daría su cocina eléctrica mientras que yo le daría la mía, ya que es a gas. Sin querer pasamos un dia divertido, jugamos casino, hablamos de las mujeres, nos tomamos unas chelitas con parrillita incluida, hasta llegar al final del domingo y percatarme que era hora de regresar a la asficiante ciudad. Si me dijo su nombre no recuerdo, si me dijo donde trabajaba tampoco, solo se que nos despedimos con un efusivo abrazo y una promesa de un pronto retorno percatandome mas tarde que esta persona había muerto y que su lápida se encontraba al costado de la carretera.

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