
Caramelos, chocolates, cigarrillos
gritaba una mujer sentada frente a un edificio con unas enormes columnas enmarcado sus escaleras. Ocho de la mañana, el sol alumbraba sobre las cabezas de los transeúntes que, por un descuido infinito, no llevaban sombrero. Aquí y mas allá se abrían las tiendas, los comercios, toda la maraña de oficinas públicas y privadas; secretarias, gerentes, obreros de las fabricas caminaban rumbo a sus trabajos… un viejo, vestido impecablemente se acerco donde la mujer.
-déme dos cigarrillos.
-treinta.
-y un caramelo
le dio el vuelto. El viejo se fue fumando tranquilamente. Atravesaba a los veloces correos con su paraguas y nadie se chocaba con el ni nadie lo estorbaba. En la esquina se encontró con la niña.
-hola-saludo.
-hola –contesto la niña- ¿Qué hace?
-¿Qué hago? –el viejo se mostró sorprendido por la pregunta –desayuno, como todo el mundo.
La niña se quedo raspando con un dedo el borde de la acera.
¿tu no desayunas?
-si, ya tome mi te y mi leche y me comí un pan.
-eso no es desayuno. Un buen desayuno es el humo de este cigarro, mmm lucky strike…
el viejo se alejo con un gran sonrisa. Cruzo la calle y se perdió entre los puestos del periódico, las carretillas, los vendedores de emoliente.
Al rato, cuando la niña sintió en el estomago una punzada de hambre, pues ese día no había desayunado, busco en sus bolsillos y encontró un caramelo y una moneda de cinco.
gritaba una mujer sentada frente a un edificio con unas enormes columnas enmarcado sus escaleras. Ocho de la mañana, el sol alumbraba sobre las cabezas de los transeúntes que, por un descuido infinito, no llevaban sombrero. Aquí y mas allá se abrían las tiendas, los comercios, toda la maraña de oficinas públicas y privadas; secretarias, gerentes, obreros de las fabricas caminaban rumbo a sus trabajos… un viejo, vestido impecablemente se acerco donde la mujer.
-déme dos cigarrillos.
-treinta.
-y un caramelo
le dio el vuelto. El viejo se fue fumando tranquilamente. Atravesaba a los veloces correos con su paraguas y nadie se chocaba con el ni nadie lo estorbaba. En la esquina se encontró con la niña.
-hola-saludo.
-hola –contesto la niña- ¿Qué hace?
-¿Qué hago? –el viejo se mostró sorprendido por la pregunta –desayuno, como todo el mundo.
La niña se quedo raspando con un dedo el borde de la acera.
¿tu no desayunas?
-si, ya tome mi te y mi leche y me comí un pan.
-eso no es desayuno. Un buen desayuno es el humo de este cigarro, mmm lucky strike…
el viejo se alejo con un gran sonrisa. Cruzo la calle y se perdió entre los puestos del periódico, las carretillas, los vendedores de emoliente.
Al rato, cuando la niña sintió en el estomago una punzada de hambre, pues ese día no había desayunado, busco en sus bolsillos y encontró un caramelo y una moneda de cinco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario