
Primer Relato
En un principio los dioses crearon al universo y dentro, crearon al mundo y a los hombres. Digo los dioses, pues eran varios y entre ellos discutían las bondades y los defectos de cuanto habían creado. Solían reunirse después de almorzar y entre mucha graciosa conversación y mucho vino decidían el tamaño de la cola de un león, el número de patas de una araña, el orden de las lluvias y tormentas y la explosión de los volcanes.
En un principio los dioses crearon al universo y dentro, crearon al mundo y a los hombres. Digo los dioses, pues eran varios y entre ellos discutían las bondades y los defectos de cuanto habían creado. Solían reunirse después de almorzar y entre mucha graciosa conversación y mucho vino decidían el tamaño de la cola de un león, el número de patas de una araña, el orden de las lluvias y tormentas y la explosión de los volcanes.
Claramente se podía ver que discutían las cosas sin ninguna pasión y que su benevolencia respondia mas a la risa que a otra cosa. Con todo, a veces tomaban sabias decisiones que mejoraban el transcurso de la vida. Esto, poco o nada les importaba, habituados ala eternidad sin tiempo, eran incapaces de notar cualquier cambio, cualquier sutil diferencia.
Por ese tiempo, los hombres se dedicaban con gran afán a muy diferentes actividades. Algunos en labores agrícolas, otros recolectaban frutos y hierbas salvajes, en otras latitudes, hombres armados con veloces puntas corrían a través de extensas llanuras, y no lejos de allí, otros hombres distraían sus faenas en la pesca.
Pero, hombres y mujeres, no bien llegaba la oscuridad y tenían que detener sus labores, sufrían de un miedo espantoso. De pronto sentían sueño y al cabo, quedábanse dormidos. Intempestivamente, despertaban sin poder recordar nada. Algunos decían que moríamos, otros que nos sumergíamos en un gran infierno del cual algún día no regresaríamos. Lo cierto era que en ese entonces el hombre no podía soñar.
Se reunieron los dioses y discutieron acerca de que hacer con ese vacío insondable que el hombre soportaba. Alguno hablo de otorgar a ciertas plantas poder para inclinar al hombre al sueño, y en realidad se hizo, solo que crecieron tan lejos de los hombres que estos nunca las usaron.
1 comentario:
El hombre y sus interpretaciones.
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