viernes, 28 de marzo de 2008

EL HOMBRE CHINO

Se prohibe estar triste
"5 metros de Poemas"
de Carlos Oquendo de Amat
El Hombre Chino se acerco lentamente hasta dormía la pequeña niña. La noche estaba fría y ella se apretaba contra la columna al pie de la alta escalera. Si fuera hombre bueno –pensaba el hombre chino- la recogería y la llevaría a casa conmigo; la vestiría y la alimentaría, y luego le daría una cama donde pudiera dormir y ya no sentiría ni frío ni hambre y de seguro estaría contenta y algún día, sin yo darme cuenta, me diría papá. La niña se revolvió entre los periódicos que la cubrían y se quejó con un monosílabo imperceptible.

El Hombre Chino la miro con ternura; admiraba su belleza de niña, pero sobre todo el valor de vivir sola en la calle. Pobrecita pensaba. Un automóvil paso raudo por la avenida. Sus potentes faros iluminaron fugazmente la escena. El sintió un temblor en su interior. La niña dormitaba tranquilamente.

Cuando llego a su casa, un elevado departamento ubicado en una zona céntrica, no encendió la luz. Fue hasta la ventana y observo a través de los grandes cristales la ciudad dormida. Y no pensó , no pensó en nada.

1 comentario:

lizzy dijo...

espero algun dia me prestes el poemario por cuestiones de la vida solo pude ver una parte de él alguna vez hace algun tiempo..