Tan sólo
Lo que más ames...
Desecha todo lo demás
Luis Hernandez Camarero
La mirada de pedrito le recordaba que aquella vez; en la belleza de la oscuridad encontró el amor. Si solo hubiera mirado podría haber visto su presencia meditabunda y solitaria. Susan era el nombre de aquella niña a la que jamas conoció. Solo su visión un tanto perturbada y las pesadas lagrimas le hicieron comprender. Juan, la apreciaba desde lejos; sentado a medio echar sobre la piedra en donde el musgo viscoso le acariciaba las manos. Se tomaba el cabello largo y sedoso de una manera que enredaba sus penas y al mismo tiempo sonreía y sonreía tratando de olvidar los días oscuros que vendrían.
Juan se le acercaba tratando de no asustarla, paso a paso articulando cada movimiento en sus neuronas y hasta que por fin estaba detrás de ella. Esta volteo porque empezó a escuchar su respiración constante, fuerte y viva. No sabían que decirse, ni siquiera sus labios carnosos y asalivados enlazaban susurros. Frente a frente sentían que sus miradas iban a estallar en cualquier momento, solo era cuestión de tiempo.
¿Quién Eres?- le pregunto
- No sé; ¿Porque lloras?
- Solo lloro porque me da la gana... y además no te importa así que vete.
- Mi nombre es Juan.
- Ya lo sé.
- No lo sabes.
Solo la leve brisa nocturna sabia de que estaban halando tan calladamente y como cuidándose de los insectos que escucharían. A el le da pena sus lagrimas pero solo comprendía que era hermosa y no como una rosa sino como lo que siempre había querido. Las lagrimas ya no brotaron más; solo la forma de sus ojos como aquella flor china y su voz de ruiseñor solían hacer en ella un abismo en su corazón. Los brazos temblorosos y las manos un tanto pegajosas no les importaron. Se quedaron mirando el amanecer y como la noche moría ante sus corazones del cual eran presas.
- Me tengo que ir- Le dijo susan
- Ya lo sé, me da pena.
Las palabras y aliento estaban de más; no querían hablar solo amarse y así fue. Juan extendió su mano y tomo la suya, la atracción fue inmediata, se entregaron ambos al amor. Juan inclino sus labios temerosos y le beso la mano.
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